Gays: presidentes y candidatos
Por Yuriria Sierra | Una de las utilidades de las candidaturas independientes es su capacidad de poner agenda. Los perfiles de quienes buscan una candidatura de esta naturaleza responden a necesidades de grupos de personas que no se sienten identificados en los partidos y obligan a éstos últimos a generar posturas sobre esos temas a los que aquéllos otros, los independientes, sí le entran.
Es el caso de Marco Ferrara, tiene 37 años de edad y desde hace varios años ha dedicado su trabajo a la capacitación y el empleo de al menos cinco mil personas a través de la fundación que dirige. Tiene una trayectoria en el trabajo de a pie junto con la sociedad civil. Ah, también es homosexual y esto, más allá de lo que algunos puedan pensar, no es la bandera con la que quiere identificar a su movimiento: “Es que ya no debería de ser un tema. Ojalá que pronto nos podamos reír, aunque no ha sido chistoso para uno, pero ojalá nos podamos reír de esta situación. Tenemos que respetar a las minorías, nosotros vamos por la inclusión, el respeto, no nada más en el tema gay. Hay tantas minorías que debemos incluir. Y no debería de ser un tema…”, me dijo hace un par de noches en Imagen Radio.
Y coincido con él. Aunque a veces damos pasos torpes en la aceptación de la diversidad como esa parte inherente del ser humano, también se han dado pasos importantísimos que han demostrado la relevancia, más que de la aceptación, de las características de cada persona y su incidencia en su desarrollo y aportación dentro de una sociedad. Es decir, hemos visto que la sexualidad es, por fortuna, irrelevante para el ejercicio de cualquier función, profesión u oficio.
Argentina, Bolivia, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, México, Alemania, Austria, España, Francia, Irlanda, Suecia, Suiza, Portugal, Islandia… son países que han tenido en las filas de su función pública a alcaldes, gobernadores, legisladores y embajadores miembros de la comunidad LGBT. Aunque hay países, en los que se ha llegado mucho más lejos: Islandia, por ejemplo, hizo a Jóhanna Siguroardóttir la primera jefa de gobierno homosexual. Serbia tiene hoy a Ana Brnabic como primera ministra, convirtiéndose no sólo en su primera mujer al frente del gobierno, sino además en la primera mujer homosexual en llegar a un cargo de alto rango. Bélgica tuvo en 2011, al primer ministro gay, Elio Di Rupo. Luxemburgo tiene a Xavier Bettel como primer ministro desde 2013; se casó dos años después, estando ya en funciones, y es común verlo en eventos políticos y sociales junto a Gauthier Destenay, su esposo, quien ya es incluido en los protocolos oficiales de las parejas de un jefe de Estado. Ya no es un tema invisible en algunas partes del mundo. El mismo Bettel cuenta que su país es ejemplo de que la gente ya no repara en el hecho de si alguien es gay o no a la hora de elegirlos en las urnas, cuenta el trabajo y la trayectoria. Por lo mismo, el tema no es parte de las campañas, ni para usarlo como bandera ni como arma de ataque. Aunque sí altera la agenda política como, esperemos, ocurra en nuestro país.
Y es que la presencia de un candidato con claras posturas prolibertades, obliga a que el resto de los aspirantes fije una postura respecto a los temas en los que suelen ser ambiguos. Hace un par de semanas comentaba aquí que Margarita Zavala tiene en su candidatura independiente, la oportunidad de desmarcarse de su expartido, y fijar una postura real respecto a temas como el matrimonio gay o el aborto, sin preocuparse por los brincos que puedan dar al interior de una cúpula partidista. Pero no sólo ella, sino el resto de los aspirantes, independientes o no. La figura de Ferrara servirá para ello. Así como la del perfil del resto de los independientes que lleguen a la boleta electoral.

