La agenda que cambiará al mundo

China y Estados Unidos están de acuerdo en algo que va a cambiar al mundo en el corto plazo, y muchos de quienes lean estas líneas lo verán.

Los líderes de las dos grandes potencias mundiales están decididos a frenar el deterioro ambiental y el fenómeno de cambio climático.

Ya no se discute si habrá transición de energías sucias a renovables, sino cuál será la velocidad a que ocurrirá.

El cambio será acelerado debido a la ambiciosa agenda verde del presidente Biden, y a los pasos gigantes que ha dado China en esa dirección.

La transición tendrá un impacto negativo en los países que se resistan al cambio y abracen a las energías fósiles como palanca de su desarrollo.

Ese desarrollo no llegará y los recursos que los gobiernos inviertan en energías sucias será dinero tirado.

Biden acaba de anunciar la prohibición de explorar en busca de petróleo en terrenos federales de Estados Unidos.

La nación más rica del mundo prohíbe la exploración de fuentes de energías sucias.

Un contrasentido a lo que ocurre en otros países, muy pocos la verdad, en que se prohíbe la inversión en energías limpias.

El tema va en serio, y Estados Unidos se convertirá en el nuevo líder mundial en la lucha contra el cambio climático.

No es un asunto de ganar una medalla más de las tantas que tiene EU en distintas disciplinas de la ciencia, el deporte y la tecnología, sino que se trata de un tema esencialmente económico para sus socios y aliados.

En 2035 los coches que circulen por las calles y carreteras de la Unión Americana serán eléctricos. Estamos hablando de un plazo de 14 años, que en términos históricos es menor a un parpadeo.

Ya va a comenzar la instalación de estaciones de carga para las baterías de coches eléctricos. Medio millón, para empezar.

Con el Acuerdo de París, al que Estados Unidos se reincorporó y China firmó, el proceso de ‘descarbonización’ de la atmósfera obliga a reducir, para el año 2050, en 100 por ciento las emisiones netas de Co2.

China pidió 10 años más (2060) para bajar a cero, pero está trabajando en ello (es posible cero emisiones en coches, fábricas y plantas generadoras, pero siempre quedará una carga de Co2 que será necesario absorber con árboles y con máquinas para guardarlo en cavernas).

Eso va a empezar a ocurrir ya. Sí, ya. Se está trabajando en ello y no hay vuelta de hoja.

Burlarse o negar la transición será tan absurdo como burlarse o negar la letalidad del Covid-19.

A Estados Unidos no podrán entrar, en un futuro próximo, por ejemplo, los tráileres que emitan gases contaminantes. Aunque traigan mercancías.

Los automóviles que se importen tendrán que ser eléctricos.

¿Qué van a hacer las grandes empresas fabricantes, o ensambladoras, que son el soporte de una parte importante de la economía y el empleo en algunos países, ante esa realidad?

Tendrán que reconvertirse y para ello van a necesitar apoyos de los gobiernos donde se encuentran establecidas.

Y para que eso suceda se requiere el compromiso serio en favor de las energías limpias de las naciones donde operan.

Para que sigan trabajando grandes empresas estadounidenses o chinas o europeas en otros países, requerirán acceso a energías limpias. Son indispensables para hacer funcionar sus plantas o que circulen sus vehículos (las compañías de reparto de paquetería, entre otras).

Empresas de este país tendrán como norma, para invertir en otras naciones, trabajar con energías limpias.

Los créditos de los organismos regionales y mundiales, además de la ayuda financiera internacional, se canalizarán preferentemente a todo lo que se apoye en energías renovables.

Como apuntó recientemente el secretario general de la ONU, António Guterres, los bancos deben alinear sus préstamos con el objetivo de “emisiones netas cero”.

Habrá, dijo, un precio al carbono.

¿Por qué la urgencia? Explica el secretario general de Naciones Unidas: “La biodiversidad se colapsa, los desiertos se extienden, los océanos se calientan, los plásticos forman islas en el mar”.

O si prefieren, como lo dice Serrat:

Padre, dígame qué le han hecho al río que ya no canta

Resbala como un barbo muerto bajo un palmo de espuma blanca

Padre, que el río ya no es el río…

Sin leña y sin peces

Padre, tendremos que quemar la barca

Labrar el trigo entre las ruinas, padre

Y cerrar con tres cerraduras la casa y decía usted, padre

Si no hay pinos no hay piñones, ni gusanos, ni pájaros, padre, donde no hay flores no hay abejas, ni cera, ni miel

Padre, que el campo ya no es el campo

Padre, que están matando la tierra

Padre, deje de llorar que nos han declarado la guerra.

De eso se trata el esfuerzo mundial por limpiar nuestro ambiente en un tiempo razonable, es decir pronto, con metas a 2030, 2035, 2040 y 2050.

Y así fincar el futuro en fuentes renovables, que tenemos muchas y son gratis.