Tiempo de autócratas
Lo que estamos viendo es una agresión de Vladimir Putin a un país cuyo único delito fue querer ser democrático y formar parte de un acuerdo económico amplio.
Vladimir Putin ha invadido Ucrania. Para legitimarse, construyó durante años un discurso en el que afirmaba que ese país estaría a punto de sumarse a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), aunque no hay ninguna evidencia de que fuese cierto. Lo que sí quería Ucrania era incorporarse a la Unión Europea, para aprovechar las ventajas de ese amplio arreglo económico. De hecho, para impedirlo, Putin promovió, en 2014, una revuelta que le diese la excusa para tomar la península de Crimea y dejar un par de grupos separatistas en Luhansk y Donetsk.
Ahora ha regresado al tema y le ha agregado que Ucrania en realidad ha sido siempre parte de Rusia, que su territorio le fue donado por diversos zares o por líderes soviéticos, y que nunca ha sido propiamente hablando un Estado independiente. Sus grupos separatistas le pidieron reconocimiento, lo hizo el lunes, y para el martes le pidieron apoyo militar, de forma que Putin procedió a invadir Ucrania entera.
Lo que está detrás de esto es el grave deterioro que ha sufrido Rusia en los últimos tiempos. Para poner en contexto, el ingreso por habitante (PIB per cápita) de Rusia era de 16 mil dólares en 2013, se redujo a la mitad para 2016, y ahora está en 10 mil dólares (Banco Mundial). Medido de esa forma, es prácticamente el mismo ingreso por persona que tienen México, China, Brasil o Turquía. Así que, aunque varios de esos países se quieran imaginar como potencia, sus ingresos no son nada espectaculares.
Fue la caída del nivel de vida de los rusos lo que llevó a Putin a atacar a Ucrania en 2014, y a promover una guerra cibernética con Estados Unidos al año siguiente, que culminó en su apoyo al triunfo de Trump en 2016. Gracias a eso, no tuvo de qué preocuparse por los siguientes cuatro años, porque Trump le hizo el favor de debilitar tanto a Estados Unidos como a la OTAN. Sin embargo, en 2021 las cosas dejaron de estar a su favor. No mejora la situación económica interna, tiene ya oposición de verdad (por eso encarceló a Alexei Navalny) y Trump no logró reelegirse.
Por eso invade a Ucrania. Es una fuga hacia delante. Frente a la polarización interna de Estados Unidos, al debilitamiento que Trump provocó en la OTAN, pensó que podría obligar a Ucrania a convertirse en Bielorrusia, con un títere prorruso en la presidencia. La respuesta, más enérgica de lo esperado, lo fue llevando a entrar en un conflicto que costará muchas vidas y mucho dinero, y del que no podrá obtener nada.
En Occidente, sin embargo, abundan quienes no pueden construir una explicación como la que le he presentado. Debemos recordar que a los seres humanos se nos complica entender la realidad, y para evitar el costo de pensar utilizamos historias, cuentos que nos simplifican el proceso. Por ejemplo, a los latinoamericanos nos encanta pensar que Estados Unidos es la encarnación del mal, de forma que hoy tenemos muchas personas defendiendo a Putin, porque enfrenta a Estados Unidos. Otros más, que han comprado la idea de que Occidente se ha deteriorado y que hay que volverlo grande otra vez, se han convertido en fanáticos de Trump, y por lo tanto pueden culpar de todo lo que ocurre a Biden, al que descalifican usando los apodos que Trump le fue endilgando. Asombra, mas no sorprende, la gran cantidad de personas con flojera intelectual.
Lo que estamos viendo hoy es una agresión de Vladimir Putin a un país cuyo único delito fue querer ser democrático y formar parte de un acuerdo económico amplio. Costará muchas vidas, le decía, provocará una desestabilización general del planeta, y no le producirá ganancia alguna al autócrata. Seguiremos con el tema.

