Caída libre

En los próximos 27 meses México enfrentará el momento más difícil en más de un siglo, y lo hará en un contexto internacional especialmente complicado.

El cierre de la semana nos ofreció una visión muy clara de lo que viene, que no es otra cosa que una caída libre.

El jueves, la Cámara de Diputados aprobó un decreto que modifica la manera en que debe entenderse la propaganda electoral con el fin de liberar a los funcionarios públicos de responsabilidad en la promoción de la farsa de revocación de mandato. Si alguien tenía duda de que éste es un evento organizado por el gobierno para la celebración del Presidente, debería olvidarla de inmediato. No sólo se promovió desde Morena la obtención de firmas para la revocación (vendida a la población como ratificación), incluso falsificando documentos; no sólo se está promoviendo en espectaculares y volanteo con referencia a programas sociales, sino que ahora se altera la ley que ellos mismos crearon para poder promover, desde el poder, la ratificación del poder.

El viernes por la mañana, Hacienda anunció que no se cobrará el IEPS a gasolinas y diésel, para cumplir con la ocurrencia de López Obrador, y para que durante el mes previo a la votación esos combustibles no suban su precio. Eso cuesta casi 25 mil millones de pesos que no se recaudarán, cada mes. Eso representa el doble del presupuesto del INE, al que le regatearon recursos para instalar casillas, afirmando que no debería gastarse tanto. Bueno, esta necedad nos está costando una cantidad absurda.

El jueves, el Parlamento europeo aprobó, con 607 votos a favor, dos en contra y 73 abstenciones, un documento en el que pide al gobierno mexicano que actúe de manera firme contra los ataques a la prensa y defensores de derechos humanos, y solicita a López Obrador que frene su “retórica populista”. Por la noche, desde Palacio Nacional, y sin pasar por Cancillería, nuestro gobierno emitió un comunicado deplorable, incompatible con la enorme tradición diplomática de México. Se trata de un texto propio de las catacumbas filocomunistas latinoamericanas de hace 50 años, impropio de cualquier gobierno.

Esta última acción es parte de un esquema que ha utilizado López Obrador en las últimas semanas: payasadas dirigidas al resto del mundo. Con esto intenta distraernos de la discusión interna, pero también le sirve para minar, cada día más, a Marcelo Ebrard. El grave error presidencial de iniciar la sucesión en junio lo ha llevado a trabajar de promotor de Sheinbaum, y no de Presidente.

Pero al observar las tres acciones que le he descrito, ocurridas todas de forma casi simultánea, lo que queda claro es que para López Obrador no hay nada más importante que mantener el poder. No lo van a detener las leyes (como lo muestra lo hecho por los diputados), ni lo que opine el resto del mundo (como evidencia su comunicado), ni la economía, a la que está dispuesto a destruir si con ello logra que gane su títere.

Aunque todo esto era esperable, verlo ocurrir en la realidad siempre es distinto. En unas pocas horas, López Obrador nos ha dejado claro, para quien quiera verlo, que no se van a ir por las buenas. Torcerán la ley, dilapidarán los recursos, se enfrentarán con quien sea, con tal de mantenerse.

En los próximos 27 meses, México enfrentará el momento más difícil en más de un siglo. Lo hará en un contexto internacional especialmente complicado. La restauración autoritaria que tanto hemos comentado está ya en proceso. Detenerla será un trabajo de todos. No va a ser fácil, y no está garantizado el éxito.

Lo que sí podemos garantizar es que si no detenemos esta restauración, seguirán décadas de pobreza, autoritarismo y violencia. Es preferible luchar estos dos años.