Maestros patean la Constitucion

Beatriz Pagés

La aprobación de la contrarreforma educativa presentada por la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) en el Congreso de Guerrero hubiera dado pie a iniciar la disolución de la república, la anarquía constitucional y dejado sin control político y jurídico al gobierno federal.

Sin embargo, los maestros no son los únicos que han comenzado a poner en peligro la estabilidad y unidad del Estado mexicano, sino los mismos gobernadores.

Gabino Cué, gobernador de Oaxaca, es un ejemplo representativo de lo que puede hacer el miedo en un político que prefiere poner en riesgo el pacto federal, el entramado constitucional de la república y el futuro de la educación, a enfrentar el chantaje y amenazas del movimiento magisterial.

Cué se enredó en lo que llamó la tropicalización de la  reforma educativa. Para tratar de quedar bien con la Sección 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación —que tiene bajo constante amago a la ciudad de Oaxaca— y tratar de tranquilizar a su delincuencia organizada, el gobernador presentó a los diputados federales una iniciativa para que los maestros se evalúen a sí mismos.

Valdría la pena preguntarle de qué diccionario sacó la palabra tropicalizar y si significa —como lo propone en el texto de reforma a la Ley General de Educación— que los maestros sigan sin ser sancionados por faltar a clases y tengan derecho —aunque no sepan leer ni escribir— a ser contratados y obtener un plaza en forma automática.

Tal vez por tropicalizar la educación debe entenderse que los maestros impartan clases acostados en una hamaca  bajo la sombra de una palmera a la que puedan robarle uno que otro coco.

La duda y debilidad que han mostrado Ángel Aguirre, de Guerrero, y Cué, encendieron los focos rojos en la residencia oficial de Los Pinos. Y no es para menos, porque la pregunta que debieron hacerse ahí es obvia: ¿qué tanto pueden influir los gobernadores en la aprobación de futuras reformas constitucionales? ¿Soportarán las presiones o, como Cué, preferirán que un grupo de golpistas impongan sus decisiones?

Detrás de la reforma educativa vienen otras, como la de telecomunicaciones, la energética y la hacendaria. Las cuatro son fundamentales para la transformación económica del país y las cuatro van a tener que pasar por los 31 congresos estatales para su aprobación.

¿Qué sucederá si las hordas de Andrés Manuel López Obrador deciden tomar los congresos, autopistas y pozos petroleros de los estados del sureste como Tabasco, Veracruz, Chiapas, Oaxaca o Guerrero para impedir la reforma energética?

El tema no es menor ni producto de la mera especulación. ¿De qué lado se pondrá el gobernador de Tabasco, Arturo Núñez? ¿Cederá a los amagos del Peje? ¿Cué saldrá con que tropicalizará la modernización de la industria petrolera?

Se antoja que el tema debería formar parte de la agenda del presidente Enrique Peña Nieto y del secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, con los gobernadores.

Sobre todo porque la protesta magisterial toma cada vez más apariencia de un movimiento desestabilizador patrocinado desde varios frentes.