Calderón, turista en Estambul

Mensaje Político.com | Indice Político – por  Francisco Rodríguez.- Café turco. Baño turco. Y el Protocolo de Estambul. Sólo los dos primeros debieron atrapar la atención de Felipe Calderón quien solo –descontando a los ocho escoltas que le acompañaban– hizo turismo en la capital de Turquía durante este fin de semana.

Sin su esposa Margarita Zavala. Sin sus hijos que aún deben estar en clases pues aún no concluye el ciclo escolar, el ex ocupante de Los Pinos disfrutó de algunos días de descanso, entre nubes de húmedo vapor –inmejorable receta para atenuar los efectos de lo que en Estados Unidos llaman hangover y aquí decimos cruda– y sorbos de café, mientras en México sus cada vez menos fieles –Cordero, Lozano, Gil, la hermana, la sobrina– se mostraban incapaces de defender lo que queda de la plaza calderonista.

Santa Sofía, la Mezquita Azul, el Palacio de Topkapi, el Gran Bazar y la Mezquita de Süleymaníye muy seguramente atrajeron la atención del viajero, al tiempo que en la Comisión Permanente del Congreso de la Unión se aprobaba –22 votos a favor, 8 en contra– la solicitud de permiso para recibir y usar la condecoración de la Orden del Mérito Civil, en grado de Collar, que le confirió el reino de España. ¿Mérito Civil? Discutible, pero…

Calderón en la capital de Turquía. Si, justo ahí donde, en el 2000, bajo el auspicio de Naciones Unidas, viera la luz el Manual de Investigación y Documentación Efectiva sobre Tortura, Castigos y Tratamientos Crueles, Inhumanos o Degradantes. El Protocolo de Estambul, como se le conoce.

El Protocolo que debería aplicarse a Calderón, ya que es el que obliga a los gobiernos a investigar y documentar los incidentes de tortura y otras formas de maltrato, y castigar a los responsables de manera comprensiva, efectiva, tácita e imparcial. Y con Calderón ocupando Los Pinos sí que se ejerció la tortura en los centros de detención. Sí que hubo maltratos. Independientemente de la tortura que para la mayoría fue tolerar su ocupación militar de la residencia presidencial, a la que no llegó por la mayoría del voto ciudadano, sino por un fallo fallido de un Tribunal Electoral.