De los principados mixtos

Por Nicolás Maquiavelo | Síguese pues, que las dificultades más grandes se encuentran en el principado nuevo, al cual podrá llamarse “soberanía mixta”, cuando no es nuevo absolutamente, sino como miembro incorporado a otra soberanía.

Estas mismas dificultades nacen de las variaciones que ocurren naturalmente en los principados nuevos; porque si al principio los vasallos se prestan con gusto a mudar de señores, creyendo que el cambio es ganancioso, y, llevados de esta opinión, toman las armas contra aquel que los gobierna, suelen engañarse, y no tardan luego en reconocer que su situación empeora cada día, siendo muchas veces los males que experimentan consecuencia necesaria de la mudanza.

En efecto, todo príncipe nuevo se ve precisado a vejar más o menos a sus nuevos súbditos, ya sea con la permanencia de las tropas que necesita mantener en el país, ya con otra infinidad de incomodidades que acarrea siempre la nueva adquisición.

Así es que este príncipe tiene por enemigos a todos aquellos que ha perjudicado con la ocupación del señorío, y no puede conservar en su amistad a los que le han colocado en él; porque ni puede llenar las esperanzas que tenían concebidas, ni valerse abiertamente de medios violentos contra aquellos mismos a quienes debe estar reconocido; puesto que un príncipe, aunque tenga fuerzas, necesita del favor y benevolencia de los habitantes para entrar y mantenerse en el país adquirido.

Por esta razón, Luis XII de Francia perdió el estado de Milán tan pronto como lo ganó; y Luis Sforza lo recuperó, la primera vez, sólo con presentarse delante de las puertas de aquella ciudad: como que el pueblo, que se las había abierto al rey, desengañado bien pronto de la esperanza que tenía concebida de mejorar su suerte, se cansó al instante del príncipe nuevo.