El calendario según San Sexógino

Por Ana Bolena Meléndez | Cuando uno anda de novia deja muy buena impresión. El sexo es todos los días, a toda hora, en donde sea y como sea. Cada momento es una buena oportunidad para desfogarse con esa candela interna que caracteriza los primeros meses.

—¿Salimos de antro?— Preguntan las amigas.—No gracias, nos vamos a quedar en casa— responde uno, como si la otra no entendiera que le vas a dar cuerda a la cama hasta que el cuerpo aguante.

Así pasan los meses. Un mes: en el que te andas haciendo la difícil. Dos meses: en el que probablemente no sean el mejor polvo del planeta pero ¡ah cómo practican! Tres meses: comienzan a ser el mejor polvo del planeta. Cuatro meses: oficialmente son el mejor polvo del planeta. Cinco meses: Volteas y te das cuenta que los últimos cinco meses no has salido ni a la esquina. Seis meses: pasas la primera noche sin sexo. Y entonces “todo cambió…” como diría Camila.

Pero ¡agárrense! Porque es hasta que se pasa del año de relación cuando llega la cruda realidad y se acaba la actividad conejesca.

Entonces, las mujeres, que somos bien clavadas, comenzamos a agobiarnos: “¿cuántas veces a la semana está bien tener sexo con mi pareja?” ¡Ahhhh! Eh ahí la cuestión, en donde la puerca torció el rabo y quedó rabona.

Llega con el tiempo la rutina y uno como que se va acomodando.

Obvio, si fuera por ellos, uno podría echar patita todos los días. Encender los botones de Cirilo no es nada difícil, el problema es encender los tuyos. Las mujeres vamos perdiendo la libido conforme la relación se va asentando. No se asusten, es normal, lo que no es normal es que se hagan la que la virgen les habla y no vuelvan a darle vuelo a la hilacha.

Ahí les va la clave: dense chance de empezar. A todas nos da flojera en cuanto pensamos en todo el ritual para tener sexo. Estamos cansadas, tuvimos un día de locos, lo único que quieren es dormir. Saben a qué me refiero… sin embargo, Cirilo, por cansado que esté, es capaz de encender motores e intenta hacer un acercamiento en busca de luz verde.

El camino más fácil es aplicar la migraña crónica. Ahí, Cirilo entiende que no se trata de dolores de cabeza sino de física flojera del acto. Probablemente no porque Cirilito no nos guste, sino porque la confianza ha invadido la cama y la espontaneidad sexual se quedó en la etapa de novios.

Por eso, lo mejor es poner de tu parte y comenzar. Sin importar el cansancio, la migraña imaginaria o la flojera de quitarse el camisón, date unos buenos besos con Cirilo y te aseguro que terminarás en chaca–chaca.

No vale la pena preocuparse por cuántas veces hay que tener sexo en la semana para evitar conversaciones incómodas, pues con esta técnica de dejar la pereza a un lado y entrarle al juego —que, además, es el mejor somnífero—, cuando te des cuenta habrás tenido sexo más veces del promedio de los matrimonios a tu redonda. Y recuerden los hábitos toman 21 días para establecerse. Convierte el sexo con tu marido en un bonito hábito placentero que los mantenga conectados como pareja.

Eso sí, recuérdale a Cirilo que no eres una muñequita de plástico que se enciende con on y que si quiere acción más a menudo, tendrá que trabajar por ella.