Gabinete de subsecretarios, gabinete de aprendices… ¿Ya hay un verdadero gabinete?

Federico Arreola @FedericoArreola.- Luis Donaldo Colosio tenía experiencia y talento. Iba a ser un buen presidente. Más que eso, iba a ser muy buen presidente. Pero lo mataron.

Las reglas del sistema impidieron que el sucesor de Colosio fuera otro hombre experimentado e inteligente, Pedro Aspe, en 1994 secretario de Hacienda.

Aspe, por no haber renunciado a tiempo a su cargo en el gabinete de Carlos Salinas de Gortari, estaba legalmente impedido para ser candidato presidencial.

El PRI, entonces, recurrió al menos curtido de los candidateables, Ernesto Zedillo. Este político, a pesar de haber ocupado diversos cargos en el gobierno, consciente de que su verdadera oportunidad para desarrollarse llegaría un sexenio después, no había armado un equipo.

Pero el destino hizo a Zedillo presidente de México. Como no tenía equipo, recurrió a los políticos que encontró y que le parecieron confiables. Improvisó, pues.

El de Zedillo fue un gobierno, en el mejor de los casos, de subsecretarios. No lo hizo del todo mal. Pero a nuestro país le habría ido mucho mejor si hubiera gobernado entre 1994 y el año 2000 alguien más hecho, como el mencionado Aspe.

Del gobierno de subsecretarios de Zedillo (ni hablar, a veces la democracia se equivoca) se pasó al gobierno de aprendices de Vicente Fox.

En el gabinete foxista todos eran principiantes, incluso los más inteligentes y destacados en otras áreas como el académico Jorge Castañeda y el empresario Ernesto Martens, a los que Fox lanzó a la aventura del sector público sin que ellos tuvieran la menor idea de qué era eso.

Si la democracia no le dio a México un buen gobierno (el de Fox, hay que subrayarlo, fue bastante malo), el fraude electoral de 2006 le entregó a la nación un gobierno dominado por un bueno para nada.

Y es que, no creo que nadie pueda refutar esta tesis, si bien en el gabinete de Felipe Calderón hubo funcionarios de primera, sobre todo en la Secretaría de Hacienda (encabezada por economistas muy competentes y hasta brillantes), de nada sirvieron los logros económicos frente al desastre de la perdida, fallida, absurda guerra de Calderón contra el narco.

Ojalá que ahora, con el retorno del PRI, lo que se dio en un proceso electoral en mi opinión razonablemente democrático (ganó un partido de oposición, la izquierda con todo en contra alcanzó el segundo lugar y el partido en el poder simple y sencillamente se hundió) vuelvan los verdaderos operadores económicos y políticos al gobierno, es decir, los indiscutibles secretarios de estado al gabinete.

México merece, después del gabinete de subsecretarios de Zedillo, del gabinete de aprendices de Fox y del gabinete dominado por el bueno para nada de Calderón, tener ya un gabinete completo, esto es, uno en el que todos sus integrantes sean secretarios de verdad.

¿Será posible? El tiempo lo dirá. Ha empezado bien el gobierno de Peña Nieto. Pero si el sexenio fuera una vuelta ciclista, apenas estaría terminando lo que se conoce como “el prólogo” y falta mucho, muchísimo para llegar a las durísimas etapas de montaña, en las normalmente se desploman todos aquellos que se ven imbatibles en el terreno plano. Ya se verá de qué están hechos Osorio Chong, Rosario Robles, Murilla Karam, Videgaray, Chuayffet, etcétera.