La ola mundial de protesta

Por Rubén Martín.- El fantasma de la protesta juvenil recorre el mundo. Como antes ocurrió en Argentina (2001), Francia (2005), Oaxaca (2006), Grecia (2008), Islandia (2008), Argelia, Túnez, Egipto, Libia, Siria, Yemen, España, Estados Unidos (todos en 2011), México e Inglaterra (2012), ahora la ola de indignación social, especialmente juvenil, se hizo presente en Suecia, Turquía y Brasil.

Se puede hablar del mayor y más importante ciclo de protestas en el mundo desde 1968.

De un momento a otro, y de forma inesperada, millones de personas han salido a las calles por diversas causas, aparentemente muy simples, como la inflación, la defensa de un vendedor ambulante, para impedir la destrucción de un parque público o para rechazar un aumento en el precio del transporte público.

Muchas de ellas son protestas en contra de la represión y los abusos policiacos que se ceban en contra de jóvenes, marginados y migrantes, como ha ocurrido en Francia, Grecia y Gran Bretaña.

Algunas de estas protestas se proponen tirar gobernantes (Argentina y Oaxaca. o impedir políticas económicas agresivas.

Varias de las protestas en esta oleada mundial de indignación pasan de una simple marcha o plantón, a un ciclo de grandes protestas, debido a la represión policial, como fue el caso de Oaxaca, Grecia, España, Egipto, Turquía y ahora Brasil.

Es probable que si las manifestaciones iniciales no hubieran sido reprimidas, el descontento no se hubiera extendido.

La mayoría de estas rebeliones comparten varias características que conviene resaltar.

1. No hay un centro coordinador de las protestas, como era tradicional en la acción política organizada y dirigida por partidos, sindicatos o incluso movimientos sociales tradicionales.

2. No hay dirigentes ni voceros únicos. Al contrario, se busca rotar al vocero, no se elige a un solo dirigente para evitar que sea cooptado, comprado o reprimido.

3. Fuera partidos y clase política. En prácticamente todos los casos, los militantes de los partidos del sistema son echados de las marchas y mítines.

4. Tomar las calles y las plazas. Se toman plazas como símbolo de la resistencia y el antagonismo con el poder; en todos los casos se sale masivamente a las calles.

5. Decisiones horizontales. Las decisiones se toman en asambleas de los activistas y sujetos que participan en el movimiento.

6. Los jóvenes, el sujeto de esta oleada de insumisos. No es casual que la mayoría de los sujetos que integran este ejército de indignados, sean los jóvenes. El proyecto de vida que el capitalismo vende a los jóvenes, está absolutamente roto, ya sea en la Europa o Estados Unidos desarrollados, o sean en Oaxaca, Argentina o Egipto “subdesarrollados”. Los jóvenes salen a manifestar su inconformidad contra la violencia policial que padecen de forma cotidiana, o por la violencia del sistema económico que no les da empleo y por un sistema político que los margina.

Es, además, un sujeto social casi idéntico. Al mirar las imágenes de Túnez, España, Oaxaca o Brasil, se ve en los primeros planos a un mismo sujeto: jóvenes.

El sujeto indignado y harto de un sistema social y político que no los representa y que los condena a la marginación. La fractura que tenemos enfrente es muy profunda, aunque algunos piensen que es simpe moda.