Sólo con unidad, el PRI evitó su desaparición tras la derrota

ALTO PODER – Manuel Mejido – * Sólo con unidad, el PRI evitó su desaparición tras la derrota * La izquierda y derecha aún no aprenden las reglas políticas * Los mexicanos están en busca de una oposición congruente. La unidad fue la característica que mantuvo vivo al PRI después de su derrota el 2 de julio de 2000. El trabajo conjunto de su militancia, respetar las decisiones tomadas desde la presidencia del partido y el llegar a acuerdos al interior, llevaron a Roberto Madrazo y a Elba Esther Gordillo a asumir la dirigencia del priismo el 4 de marzo de 2002 y seguir hasta el 31 de agosto de 2005.

Madrazo Pintado fue el segundo candidato presidencial priista derrotado en las urnas, que llevó al tricolor hasta el tercer lugar en las preferencias electorales, con seis millones de votos menos que el primero y segundo lugar, resultando ganador Felipe Calderón gracias a un fraude electoral en el que intervinieron Vicente Fox, sus cómplices Martha Sahagún y Elba Esther Gordillo, para cobrarse su expulsión del PRI cuando Roberto era su líder.

Pese al desorden y el famoso «cochinero» que dejaron tras su salida los madracistas y elbistas, Beatriz Paredes asumió la dirigencia el 4 de marzo de 2007. De inmediato llamó a la unidad tricolor, a la que se sumaron todos porque, en aquellos días, comenzaba el despunte y aumentaba la popularidad del gobernador del Estado de México, Enrique Peña. Conforme se acercaba el año 2012, los priistas consiguieron importantes logros. Primero recuperaron Yucatán en el 2007, aunque perdió Michoacán y no consiguió recuperar Tlaxcala. Pero de los 14 congresos estatales, se hizo con la victoria en 10, y se convirtió en la primera fuerza política.

En aquel 2007, el PRI también ganó en nueve de las 14 capitales donde hubo elección, que fueron: Aguascalientes, Ciudad Victoria, Culiacán, Durango, Morelia, Oaxaca, Puebla, Tlaxcala y Xalapa. Empero, también perdió importantes plazas como Mexicali y Tuxtla Gutiérrez. Ya en 2009 y con todo el desgaste panista por las muertes ocasionadas a lo largo y ancho del país por su sangrienta y disparatada guerra contra el narcotráfico y el crimen organizado, los priistas les arrebataron el Congreso, y fue la primera minoría en ambas cámaras; además de que duplicaron sus votos de seis a 12 millones.

En ese proceso electoral, el priismo recuperó San Luis Potosí y Querétaro. Perdió Sonora y retuvo Nuevo León, Colima y Campeche. Consiguió la mayoría en 10 de los congresos estatales que se renovaron ese año, lo cual confirmaba el ascenso de los priistas en la preferencia de los electores, aunado a la imparable fuerza de que gozaba Peña Nieto.

Por más de 70 años siempre existió el sometimiento de la dirigencia del PRI a quien mandaba en Los Pinos. Durante los 12 años que no estuvieron en la Presidencia, los priistas aprendieron a obedecer a sus líderes de Insurgentes Norte 59. Esa unidad les permitió recuperar mucha fuerza política y el regreso al poder.

* El oro que deslumbró al PAN

El aprendizaje, los hábitos y unidad de los priistas no son los mismos en Acción Nacional ni en el PRD. Tampoco su militancia respeta acuerdos, porque casi nunca los alcanza. Los primeros se deslumbraron con el oro y la riqueza que genera el mandar desde Los Pinos y, los segundos, desde su fundación sólo se han dedicado a conformar tribus y a desacreditar al adversario.

La estrepitosa derrota del panismo el año pasado lo condujo de la cima del poder a la sima del descrédito y el rechazo popular. Hasta Vicente Fox, quien los encumbró en el 2000, los abandonó a su suerte y promovió el voto a favor de Peña Nieto. En tanto que Calderón desatendió a la candidata, Josefina Vázquez y, tras reconocer el triunfo priista, parecía más interesado por irse a Harvard que en evitar el despeñadero al país.

Destacados panistas han reclamado la renuncia de su líder Gustavo Madero, por el desastre ocurrido durante la campaña presidencial de Josefina. Tal es el caso de Javier Lozano, senador que ganó en las urnas en Puebla y un candidato fuerte para contender por la gubernatura en 2016.

El primer paso que dio Gustavo Madero tras la derrota fue la estocada para eliminar cualquier posibilidad de recuperación del poder. Se dedicó a «depurar» su padrón. Previo al año 2000, el furor «foxista» engrosó su militancia. Posterior al 2012, más del 80 por ciento de esa lista ya no existía para el PAN.

Actualmente, son apenas un poco más de 386 mil los panistas, entre adherentes y activos. Con candidato propio y sin alianza, gobierna en cuatro estados (las dos Baja California, Guanajuato y Sonora, y tres en esa alianza antinatural con el PRD, Oaxaca, Sinaloa y Puebla. Es mayoría en sólo cuatro congresos locales y es tercera fuerza política en el Congreso.

La devastación del blanquiazul es tan grande, que en dos ocasiones consecutivas las reuniones del Comité Ejecutivo del PAN se han cancelado por falta de quórum. El pasado 16 de marzo, los pocos panistas que acudieron, determinaron modificar sus estatutos y decidieron que la militancia vote por la dirigencia nacional, estatal y municipal. A cambio de esta «democratización», quien esté registrado en el padrón deberá aportar una cuota mensual.

La pregunta es ¿quién desea hacer aportaciones a un partido quebrado y con nulas posibilidades de volver al poder, porque mientras lo tuvieron mostraron su incapacidad para gobernar?

* La izquierda tribal y sectaria

Otro desorden muy diferente ocurre en el PRD. Ahí, nunca se han puesto de acuerdo. Todos opinan por cuenta propia a nombre del partido y las dos ocasiones que pudieron llegar al poder, las desaprovecharon porque les faltó unidad y carecieron de un líder que impusiera reglas y una militancia que las acatara.

Desde que Cuauhtémoc Cárdenas fundó el partido, posterior al fraude electoral cometido en su contra en 1988, las diferentes corrientes que dieron origen al partido del Sol Azteca intentan imponer sus intereses. Se estima que, actualmente, cohabitan más de 15 tribus.

Un claro ejemplo del divisionismo se encuentra en la dirigencia, que encabeza Jesús Zambrano repudiada por su secretario general, Alejandro Sánchez, un corifeo de Dolores Padierna y del cuestionado René Bejarano. Mientras los «chuchos» se sumaron a la firma del «Pacto por México», los «bejaranistas» cuestionan que su líder aparezca recurrentemente con el presidente Peña.

Los problemas comenzaron cuando Cuauhtémoc Cárdenas, otrora llamado ´líder moral del PRD´, fue ignorado en la toma de decisiones en 2006, cuando la popularidad de Andrés Manuel le permitió manipular todos los cargos de la dirigencia y acomodar a su antojo al partido.

Seis años después, López Obrador evitó ser expulsado del PRD y prefirió fundar su Movimiento Regeneración Nacional, conocido como Morena, que ahora busca recursos del IFE y vive en constantes ataques contra los perredistas y petistas. Incluso, quienes le defendieron en ambas ocasiones que contendió por la Presidencia, fueron ignorados en su proyecto. Tales son los casos de Ruth Zavaleta (que abandonó el partido para sumarse a Peña), Rosario Robles (actual secretaria de Desarrollo Social), Alejandro Encinas, Gerardo Fernández Noroña, Mario di Costanzo y Jaime Cárdenas.

* En el DF muerto el rey, viva el rey

Aunque el regreso del PRI parece ser bien aceptado por los ciudadanos, en el PRD ya comenzaron las disputas con miras a la sucesión presidencial, que habrá de ocurrir en 2018. Además de las peleas entre tribus, los dos aspirantes más visibles iniciaron sus ataques.

Marcelo Ebrard, exjefe de Gobierno de la Ciudad de México, y su sucesor, Miguel Ángel Mancera, en funciones, utilizan los medios de comunicación y las redes sociales para lanzarse ataques sobre la democratización y las formas de gobierno.

Si bien es cierto que el gobierno de Ebrard dejó muy buena imagen no sólo entre los capitalinos, sino en todo el país e incluso a nivel mundial (fue nombrado Alcalde del Año), también es innegable que ya se encuentra fuera de los reflectores y, como hizo en el 2011 cuando dio paso libre a Andrés Manuel por la candidatura presidencial, ahora deberá permitir a Mancera gobernar la ciudad. Ya se le acusó públicamente de un supuesto desfalco en la construcción de la Línea 12 del Metro.

Marcelo comenzó con serios cuestionamientos al gobierno capitalino por las constantes apariciones de Miguel Ángel junto a Enrique Peña. Consideró que la administración del DF había dejado de ser crítica a la Presidencia. Como respuesta, el jefe de la Ciudad de México respondió que estaba concentrado en sus funciones.

Como él mismo lo reconoció públicamente al día siguiente de dejar la jefatura de gobierno, Ebrard aspira a la dirigencia del PRD para el próximo año, porque, desde ahí, pretende convertirse en el candidato presidencial de la izquierda. Pero la fuerza mediática, los millonarios recursos que disponen el GDF y el impulso que dan los programas sociales, no están con Marcelo, y su proyecto se ha visto desfavorecido.

Es cierto que el PRI en la Presidencia, durante estos poco más de 100 días, ha gozado de consensos suficientes para las reformas estructurales que el país requiere. Pero también es innegable que no existe una oposición fuerte que cuestione porque, como afirman los especialistas, la política es el arte de la negociación y la democracia el camino para alcanzar las metas.

México no requiere políticos «levanta dedos», hecho que condujo al PRI al descrédito popular en el 2000. Se necesitan el debate, la discusión y los acuerdos. Y eso sólo se puede conseguir con una oposición fuerte, de izquierda y derecha congruentes.

Y hasta la próxima semana, en este mismo espacio.

manuelmejido@hotmail.com

 

Aut. Manuel Cabrera.