Ramon Aiguadé, fisioterapeuta: “Levantar una garrafa o bajar del bus una parada antes puede suponer un gran beneficio a partir de los 65 años”

Los profesionales estiman que una de cada tres personas mayores de 65 años sufre una caída al menos una vez al año, y la cifra aumenta hasta el 50% en aquellos que superan los 80. No solo hay una correlación entre más edad y mayor probabilidad de caerse, sino que para nada se trata de un tema vacuo: las caídas son la primera causa de lesiones graves, fracturas y hospitalizaciones entre los séniors. Con una población cada vez más envejecida y una marcada tendencia al alza —España ya registra el mayor nivel de envejecimiento demográfico de su historia—, abordar esta realidad invisible es uno de los principales retos de salud pública actuales. Sin embargo, hay esperanza: según los estudios, la fisioterapia puede reducir hasta un 40% las caídas de las personas mayores.

“La inmovilidad puede llevar a consecuencias graves, incluso a la muerte”, explica Ramon Aiguadé, fisioterapeuta y decano del Col·legi de Fisioterapeutes de Catalunya. Precisamente, el organismo ya está tomando cartas en el asunto bajo el proyecto Envejecimiento saludable, un ciclo de conferencias informativas en centros cívicos que tiene el objetivo de divulgar sobre los beneficios de la fisioterapia en los séniors.

“No se trata de hacer grandes esfuerzos, sino de incorporar hábitos de forma gradual y realizar ejercicios funcionales; adoptar pequeños cambios supone un gran beneficio”, matiza Aiguadé, también psicopedagogo y doctor en Salud por la Universitat de Lleida. De momento ya tienen 50 sesiones programadas por todo el territorio catalán, convirtiéndose en la iniciativa divulgativa más ambiciosa del Col·legi orientada a esta franja de edad.

¿Por qué focalizarse ahora en envejecer mejor?

El proyecto de Envejecimiento Saludable responde a una necesidad de la sociedad, que cada vez está más envejecida. Y ante esta realidad —y teniendo en cuenta que en los próximos años habrá un aumento importante de la población mayor—, el Col·legi de Fisioterapeutes de Catalunya es consciente de que este colectivo requiere intervenciones específicas. El paso del tiempo provoca una serie de cambios fisiológicos en nuestro cuerpo, con diversas consecuencias. Con los años, nuestros huesos se desgastan más, comienza la descalcificación, se infiltran fibras grasas en la musculatura que antes no teníamos y la piel pierde elasticidad. Estos cambios acaban provocando la aparición de pluripatología —desde problemas de audición hasta artrosis o diabetes—, que requieren intervención sanitaria por parte de distintos profesionales de la salud. Y, precisamente, muchas veces esto puede generar efectos secundarios, lo que llamamos iatrogenia.

¿Qué es la iatrogenia?

Es el término que utilizamos para referirnos a los efectos secundarios derivados de una intervención médica. Por ejemplo, un paciente geriátrico (a partir de los 65 años) hospitalizado experimenta cambios diferentes a los de una persona joven y sacarlo de su entorno habitual puede generar alteraciones importantes. Además, en estas edades suelen darse condiciones socioeconómicas precarias: personas que viven en viviendas no adaptadas —como un quinto piso sin ascensor— o con pensiones más bajas que sus antiguos salarios. Y por todo este contexto nace este programa: no se trata solo de vivir más años —algo que la medicina ya logra—, sino de dar vida a esos años y poder disfrutarlos plenamente.

La actividad fisioterapéutica es beneficiosa para los séniors. 
La actividad fisioterapéutica es beneficiosa para los séniors. Getty Images

¿Se había hecho una iniciativa similar en el pasado?

No me consta ninguna. Y con este programa queremos llegar a toda Catalunya. Recientemente hemos recibido una subvención de la Diputación de Lleida para llegar a zonas más desfavorecidas o rurales, donde este tipo de actividades son más difíciles de implementar.

¿Cree que la fisioterapia es una disciplina algo excluida del sistema sanitario?

Sí, totalmente. Y lo digo en mayúscula. Además, somos una profesión relativamente joven. Hubo una época en la que ni siquiera se conocía la figura del fisioterapeuta. Hoy en día es mucho más conocida, en parte gracias al ámbito deportivo, pero la fisioterapia ha estado tradicionalmente relegada del sistema sanitario público y todavía existe un gran déficit de profesionales. Es cierto que la incorporación en atención primaria ha aumentado —prácticamente se ha duplicado—, pero aún sería necesario triplicar o cuadruplicar la plantilla.

Las fracturas son un problema grave, y cuanto más tiempo se permanece en el suelo, mayores son las complicaciones y la mortalidad en el año siguiente

Ramon Aiguadé

Decano del Col·legi de Fisioterapeutes de Catalunya

Según estudios, la fisioterapia puede reducir las caídas hasta en un 40%. Si una persona sénior cae, ¿de qué tipo de riesgos estaríamos hablando?

Lo primero que hay que tener claro es que las caídas son la segunda causa de muerte por accidentes en el mundo. En mayores de 65 años, una de cada tres personas sufre al menos una caída al año; a partir de los 80, el riesgo aumenta a una de cada dos, es decir, a la mitad. Las fracturas son un problema grave, y también sabemos que cuanto más tiempo se permanece en el suelo tras la caída, mayores son las complicaciones y la mortalidad en el año siguiente.

Y también está el impacto psicológico…

Exacto. A menudo, el miedo a moverse pasa desapercibido, pero tras una caída muchas personas mayores reducen su actividad y pierden autonomía en tareas básicas, como ducharse o ir al baño solos. Esto afecta especialmente a mujeres, que tienen una mayor esperanza de vida. Y ese factor psicológico es esencial, porque la inmovilidad puede llevar a consecuencias graves, incluso a la muerte.

Vayamos a la práctica. ¿Una persona puede autoevaluar su riesgo de caída para poder empezar a tomar cartas en el asunto?

El ejercicio más sencillo es colocarse frente a una mesa y, sin tocarla, extender las manos y cerrar los ojos. Es una forma de comprobar si cuesta mantener el equilibrio o si hay tendencia a caerse. También se puede hacer con los ojos abiertos y mantenerse sobre una sola pierna. Si la persona no puede mantener el equilibrio durante más de 5 segundos, el riesgo de caída es importante.

¿Y hay pautas para levantarse del suelo y minimizar riesgos?

Sí, y de hecho, es importante que los ejercicios que se plantean a los pacientes puedan hacerse desde el suelo, para que se acostumbren a trabajar en un medio tan hostil para ellos como es el suelo. ¿Hostil por qué? Porque el suelo está frío y a los pacientes geriátricos les genera rechazo. Sin embargo, es crucial enseñarles técnicas de incorporación para que puedan levantarse lo antes posible. No se trata de realizar grandes ejercicios que no se hayan hecho con anterioridad, sino de incorporar hábitos que modifiquen nuestro día a día de forma gradual y natural.

¿Por ejemplo?

Pues si cogen el autobús, bajarse una parada antes y hacer un tramo caminando. O bajarse antes del ascensor y subir la última planta a pie. Incluso levantar una garrafa de agua y reproducir alguna actividad diaria, coger un bote y colocarlo en una estantería… Se trata de adaptar actividades funcionales de la vida cotidiana para generar un beneficio en esta franja de edad. Y, si es posible, es importante que estos ejercicios se hagan con cierto control por parte de un fisioterapeuta o de un profesional de la salud.

Mucha gente puede pensar que todo esto son simples habladurías. ¿Realmente son efectivos estos pequeños cambios?

Muchísimo. La evidencia científica lo respalda claramente.

¿Qué ejercicios recomienda para una prevención activa?

Sobre todo ejercicios funcionales. Se trata de mantener la función el mayor tiempo posible, reproduciendo actividades de la vida diaria de forma continuada. Te pongo un ejemplo: hubo una época en la que hacíamos “gimnasia sueca” como robots, moviendo los brazos hacia delante y hacia atrás, de lado mientras saltábamos… Pero actualmente este tipo de ejercicio está muy desfasado, porque no reproduce nuestras funciones cotidianas. No sirve de nada levantar el brazo recto hacia arriba si no puedes peinarte. Por tanto, debemos intentar llevar a cabo ejercicios que podamos repetir entre 10 y 15 veces, aumentando progresivamente la dificultad, y que sean multicomponente: por ejemplo, colocar un objeto en una estantería, hacerlo hablando y después cantando.

El entrenamiento de fuerza es crucial, según los fisioterapeutas. 
El entrenamiento de fuerza es crucial, según los fisioterapeutas. Getty Images

Si hablamos de actividades moderadas o leves, los ejercicios deberían ir de los 30 a los 60 minutos al día durante 5 días a la semana

Ramon Aiguadé

Decano del Col·legi de Fisioterapeutes de Catalunya

¿De qué frecuencia estaríamos hablando?

Si hablamos de actividades moderadas o leves, los ejercicios deberían ir de los 30 a los 60 minutos al día durante 5 días a la semana; es decir, entre 150 y 300 minutos semanales. Si realizamos una actividad más intensa y vigorosa, con mejor preparación física e incluso saliendo a correr, podríamos reducir este tiempo a entre 15 y 30 minutos al día, 5 días a la semana (entre 75 y 150 minutos en total). Por vigorosa se entiende cualquier actividad en la que, mientras la realizamos, nos cuesta hablar. Por ejemplo, si voy a caminar rápido y no puedo hablar con la persona de al lado, solo necesitaremos unos 15 minutos al día.

¿Y la fuerza?

Es muy importante. Y con unos 15 minutos, dos veces por semana, es suficiente para obtener beneficios significativos, incluso en la esperanza de vida. Además, recomiendo empezar a cualquier edad. Precisamente, desde el Col·legi estamos lanzando la campaña Visita a un fisioterapeuta una vez al año. ¿Por qué? Porque sabemos que a lo largo de la vida se producen una serie de cambios, o que es más fácil que aparezcan. En la infancia, por ejemplo, es más frecuente que haya problemas de espalda; con la primera menstruación es más probable que las mujeres presenten deformidades de la columna; o que, en el caso de los hombres, a partir de cierta edad comiencen los problemas de próstata. Conocer todo esto nos ayuda en la prevención, y pasa lo mismo con las caídas: podemos prevenirlas para afrontar las etapas futuras con más garantías. Igual que vamos al dentista una vez al año, deberíamos hacerlo con el fisioterapeuta.

¿Y concretamente qué debemos pedirle a este especialista?

Básicamente, que nos haga una revisión. El fisioterapeuta es un profesional de la salud perfectamente preparado para identificar todos los cambios que se producen a lo largo de la vida, valorar nuestro estado de salud y determinar si necesitamos algún tipo de actuación preventiva o simplemente continuar con los hábitos que ya seguimos. También podemos aprovechar para plantear nuestras inquietudes y recibir orientación. Por ejemplo: ¿cuántas veces has oído decir que nadar va muy bien para el dolor de espalda? Pero quizá hay personas a las que no les gusta nadar o no tienen acceso a una piscina. Ese es nuestro trabajo: el fisioterapeuta se encarga de adaptar los ejercicios sin necesidad de recurrir a la natación.

Graduada en Periodismo por la UAB y máster en Periodismo Político Internacional en la UPF. Coordinadora del canal Longevity