AMLO desató la ambición por la sucesión

Por Manuel Mejido- Entre tanta historia de violencia que surge en cada rincón del país, de muertos, ataques y desapariciones, desde Palacio Nacional comenzó a hablarse de la sucesión presidencial, casi tres años y medio antes de que ocurra, como si se tratara de un asunto prioritario.

No ha transcurrido ni la mitad del sexenio y tal parece que el Presidente de la República está ansioso por acabar su mandato, para el que por cierto luchó contra sus adversarios y recorrió el país por más de una década.

Durante el ¿caduco? régimen priista, adelantarse a los tiempos políticos era tanto como el suicidio; cualquier aspiración debía ser negociada en lo “oscurito”, casi como si se tratase de un golpe de Estado, cualquier sospecha de traición era castigada con el destierro.

En la actualidad el camino hacia la candidatura es el siguiente: primero, se niega la aspiración argumentando que se está concentrado en el encargo; después, se debe buscar un grupo que lo apoye; organizar reuniones “privadas” pero cerciorarse que la prensa de trascendidos se entere para que el rumor retumbe en el Zócalo capitalino; y, por último, reconocerlo públicamente.

Con el siglo XXI, y el arribo de la alternancia, comenzaron los cambios en la política nacional, así quedó demostrado en el 2004, cuando el entonces secretario de Energía, Felipe Calderón, se atrevió a reconocer sus aspiraciones durante una reunión organizada por el entonces gobernador de Jalisco, Francisco Ramírez Acuña, a quien dos años más tarde, y como pago a su lealtad, le fue entregada la Secretaría de Gobernación al inicio de la presidencia espuria.

Esa acción le valió el enojo del entonces presidente Vicente Fox porque, por aquellos días, intentaba imponer a su esposa Marta Sahagún como candidata del PAN en el relevo presidencial, lo cual afortunadamente no ocurrió porque fue exhibida su ambición a través de su fundación “Vamos México”.

Seis años después, en el 2012, Calderón intentó imponer a su “delfín”, Ernesto Cordero, como candidato presidencial, pero Josefina Vázquez Mota, apoyada por el ala más derechista y conservadora del blanquiazul, se impuso.

Fue tan grande el fracaso de los gobiernos panistas durante la “decena trágica”, aunado al poco arraigo popular de su abanderada, que le devolvieron el poder al priismo, que nada aprendió de la derrota del 2000.

EL CAMBIO SIN CAMBIAR

Con la intención de cambiar todo aquello que “huele al tricolor”, Andrés Manuel López Obrador no sólo ha aplaudido las ambiciones políticas personales de algunos de sus colaboradores, sino que hasta las ha promovido durante las conferencias “mañaneras”, aprovechando la enorme difusión que tienen a nivel nacional e internacional.

Desde la semana pasada, AMLO ha hablado casi diario de la sucesión presidencial del 2024; incluso, utilizó una comparación diciendo que él era el destapador y mostró a seis de sus “corcholatas”: Claudia Sheinbaum, jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Marcelo Ebrard, secretario de Relaciones Exteriores; Esteban Moctezuma, embajador de México en Estados Unidos, Juan Ramón de la Fuente, representante de México ante la ONU; y las secretarias Tatiana Clouthier, de Economía, y Rocío Nahle, de Energía.

Afuera quedaron otros “suspirantes” como Ricardo Monreal, senador de Morena; Mario Delgado, líder nacional del partido; Olga Sánchez Cordero, secretaria de Gobernación, y algunos varios más.

Él único que dijo “sí quiero”, fue Monreal Ávila, quien por cierto ya comenzó con el “fuego amigo”, al rechazar que la encuesta sea el método para seleccionar “al elegido”, pues dijo que es un sistema obsoleto, gastado y que ha generado conflictos al interior del partido, por la opacidad con que se maneja el procedimiento y sus resultados.

Pero volviendo a Ebrard, todo parecía planeado; la semana pasada fue mencionado en “la mañanera” como presidenciable y, días después, se filtró una reunión en el Estado de México, a la que asistieron unas 100 personas (dicen que ellos mismos pagaron su desayuno), a quienes les confesó intenciones para el 2024.

Obviamente el encuentro era privado, pero terminó siendo noticia de primera plana, al grado que esta semana llegó el rumo a Palacio Nacional desde donde AMLO le dio el espaldarazo y su aprobación.

ADIÓS CANCILLER Y JEFA DE GOBIERNO

Un asunto que va contra Ebrard es el colapso de la Línea 12 del Metro, ocurrido el 3 de mayo. Esa obra fue ideada, impulsada y construida por el ahora canciller, cuando era jefe de Gobierno del entonces Distrito Federal.

Quien le sigue en las preferencias es la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, pero también le pesa la tragedia del Metro, no sólo de la Línea 12, sino de los diversos accidentes ocurridos en toda su estructura.

Sheinbaum está en la etapa del “estoy concentrada en mi trabajo”, pero ya van dos ocasiones que los “improvisados” asistentes le gritan “presidenta” en actos públicos, a lo cual ella sólo voltea, los observa, les sonríe, saluda pero no se atreve a pedirles que no le llamen así.

De tal manera que la única “corcholata” que podría destapar el Presidente López Obrador es el senador Ricardo Monreal, con quien se reúne constantemente y es un político muy cercano que ha sabido negociar las reformas presidenciales en la Cámara Alta.

Monreal dice que ya habló con su equipo de trabajo, admitió sus aspiraciones, pero dice que prefiere esperar a octubre del 2023, cuando Morena difunda la convocatoria para elegir a su candidato.

Conforme transcurren los meses, a AMLO se le agotan todas las posibilidades para sucederlo en el cargo y esto se debe a que él, como político, tiene una imagen muy mediática, con carisma popular y centro de ataque para la oposición.

Para el 2024 será complicado encontrar a un morenista con esas características, que sea cercano al Presidente y a la gente, pero que además cuente con el consenso de adversarios y empresarios.

Y hasta la próxima semana, en este mismo espacio.

manuelmejidot@gmail.com