Aptos para la democracia

Horizonte Político | Por José Antonio Crespo.- Mucho se ha escrito y reflexionado sobre el maderismo y la significación de la Decena Trágica, al cumplirse cien años de ese suceso. Propongo la siguiente reflexión dejando los pormenores históricos, bien cubiertos ya por muchos colegas. ¿Ya estamos, por fin, preparados para la democracia? Como sabemos, Porfirio Díaz justificó su dictadura, siendo liberal, en parte bajo la premisa de que los mexicanos no estábamos aún listos para la democracia. Cuando le dijo al periodista norteamericano James Creelman en 1904 que ya lo estábamos, se echó para atrás y no permitió elecciones limpias y competitivas en 1910, lo que precipitó la revolución maderista.

Francisco Madero, creía en cambio que el pueblo de México ya estaba listo para la democracia, y era la élite política la que no lo estaba. Pensaba, con razón, que “La base de las prácticas democráticas, que es la consagrada por la costumbre, implica desde luego la teoría puesta en acción, y mientras esto no suceda, mientras los pueblos no lleven a la práctica los ideales democráticos, nunca se familiarizarán con ellos“ (La sucesión presidencial de 1910, 1908). Incluso, tras haberse roto la estabilidad por la revolución que él mismo dirigió, confió en que la democracia podría surgir y consolidarse aún en medio de fuertes turbulencias como las que vivió su gobierno. No midió adecuadamente el inminente golpe huertista, pese a los múltiples signos y advertencias que muchos le hicieron, y que consideraba “exageradas”. Tras ser derrocado, Madero, el irredento optimista, pensó al final de su vida que tenía razón don Porfirio; México no estaba listo para la democracia.

Ahora, tras estos doce años desde la primera alternancia, muchos sienten una decepción parecida a la de Madero; quizá nuestra generación fue demasiado maderista en relación a la transición democrática. Por lo mismo, mi pregunta va más allá de si estamos aún preparados para la democracia o hay que esperar algunos años más: si en pleno siglo XXI no terminamos por dar los pasos que exige la democratización – más allá de lo electoral – bien podríamos plantearnos si alguna vez estaremos listos para la democracia o es que de plano no somos aptos para ella.

Madero se equivocó en su época, pero tal vez Díaz también, y quizá el que tenía la razón era Agustín de Iturbide, quien consideraba que la democracia simple y sencillamente no se adaptaría a la idiosincrasia e historia mexicanas. Eso respondió a Joel Poinsset – quien sería el primer embajador norteamericano ante nuestro país – cuando éste le sugirió adoptar las instituciones democráticas. Se trata de un argumento determinista que hemos desechado hace mucho. Y desde luego, múltiples países con trayectoria y prácticas autoritarias se han adecuado bastante bien a la democracia. En principio, lo mismo podría aplicarse a los mexicanos. Sin embargo, no es fácil ser optimista al respecto al ver cómo el PAN, tras sesenta años de identificarse como el partido de la democracia, recién llegó al poder hizo exactamente lo contrario de lo que ofreció.

Hay motivos de sobra para la duda; los partidos no se distinguen entre sí en el desempeño del gobierno  todos incurren en los vicios que condenan en otros -; los ciudadanos estamos inermes frente a sus abusos y arbitrariedades; la corrupción campea por todos lados sin importar el color del gobierno, la impunidad sigue como si nada, hay enormes abusos a los derechos humanos – 23 mil desaparecidos en el último sexenio, que opacan a los registrados en las dictaduras del cono sur, o en la guerra civil salvadoreña – que se mantienen sin castigo ni aclaración.

Y vemos cómo instituciones democráticas y novedosas son rápidamente pervertidas cayendo en los vicios de siempre. No es que no hayamos tenido oportunidades de practicar la democracia, según se quejaba Madero, sino que las hemos desperdiciado una vez tras otra. Y si bien el gobierno de Enrique Peña Nieto parece haber comprendido que no hay condiciones para ir atrás en la temida regresión autoritaria, falta por ver hasta dónde llega su voluntad de avanzar en la agenda democrática que el PAN desechó.

Muchos no tienen mayor optimismo al respecto. Por lo pronto, la impunidad sigue vigente, y por ende la corrupción a manos llenas que aquélla permite e incentiva.

cres5501@hotmail.com | Investigador del CIDE