¿Cuento chino?

GRILLOTINA | Por Marco A. Flota | Muchos comentarios despertó (con matices de incredulidad y hasta ironía) el hecho de que el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, revelara en su declaración patrimonial ser propietario de un departamento de ¡12 metros cuadrados de superficie!

Sí, sabemos que muchos mexicanos habitan -y hasta comparten- viviendas más pequeñas. Pero hasta la celda de 4 por 4 metros de Raúl Salinas de Gortari era más amplia: 16 metros cuadrados. Aunque más pequeña que la caja de seguridad del banco suizo donde el hermano ex incómodo guardaba los millones de dólares recolectados para “crear un fondo de empleo”.

Y se cumplió el cometido: con parte de esa lanota se dio chamba a las decenas de abogados que consiguieron la libertad de “Míster 15 por ciento”, como se llamaba al señor por el porcentaje que cobraba de las concesiones gestionadas en tiempos de su hermano Carlos.

Don Carlos, el personaje que cuando fue destapado candidato a la Presidencia, exclamó radiante a su padre, don Raúl Salinas Lozano, quien fue precandidato para suceder a López Mateos:
-¡Nos tardamos 25, pero llegamos…!

Y ahora, según las malas lenguas, puede decir:
-¡Nos tardamos 18, pero regresamos!

Y es que durante los 6 años de Zedillo y los 12 de Fox y Calderón, no tuvo ningún poder y, al parecer, lo ha recobrado.

Pero hablábamos del supuesto minidepartamento del hombre que despacha en Bucareli, frente al famoso Reloj Chino. Reloj que durante muchos años, igual que Gobernación, no funcionó, pero que ahora ya marcha mejor que los Girard Perregaux del líder petrolero Romero Deschamps.

(Gobernación también, aunque todavía no funciona con la precisión de un Rolex, ni de un Heroles, pero ahí la lleva: aún no se siente, como decía el político veracruzano, pero al menos ya se ve)

Pues bien, ahora resulta que lo declarado por Osorio Chong como “un departamento de 12 metros cuadrados” no es una minicasa del perro (como aquella a la que mandaba a dormir doña Sasha a ya sabe usted quién: al de la Colina), sino un palco en el estadio de futbol de Pachuca. Porque el señor, cuando fue gobernador de Hidalgo, gustaba de ir a echarle porras al equipo de los Tuzos, del que también es fan el hijo mayor del ex presidente Calderón, aunque el becario de Harvard le va a los Monarcas de Morelia.

De generalizarse ese criterio de llamar “departamentos” a los palcos de futbol, va a resultar que Emilio Azcárraga III tiene más “depas” que todo Tlatelolco en el estadio Azteca. Pero al conocerse la afición futbolera del secretario de Gobernación, surgen las especulaciones.

Durante su sexenio, Ernesto Zedillo se ufanaba en proclamar su preferencia por el Necaxa, equipo que en ese tiempo fue varias veces campeón, pero concluido el sexenio cayó a la segunda división. En cambio Zedillo está en las grandes ligas de empresas y universidades gringas y no en calidad de aguador, caso de Calderón en Harvard.

Enrique Peña Nieto solía asistir a la Bombonera de Toluca cuando los Choriceros disputaban una final de campeonato, pero no le entraba al striptease como la Perra Brava y algunos ex gobernadores. Sin embargo quizá no aproveche su sexenio para impulsar a los toluqueños, más bien simpatizaría con el América, por gratitud con Televisa (y porque las Águilas son aves, parientes lejanas de las Gaviotas).

Y si quisiéramos hacer futurismo: ya se supo que Osorio Chong le va al Pachuca, es tuzo. Y Luis Videgaray, como todos los secretarios de Hacienda, ha de ser Chiva, ¿no cree usted?