De pendejadas del gobierno y de tuiteros pendejos

Por H. E. Cavazos Arózqueta | @HECavazosA | De antemano advierto a mis queridos lectores de vista frágil y de moral alta, que esta columna ha de contener una considerable cantidad de palabras soeces; por lo que les pido a todos aquellos que pudieran sentirse ultrajados por leer adjetivos prosaicos y burdos, se retiren y esperen al próximo artículo.

Declaración de bienes. Una pendejada del gobierno.

¿Que el Secretario de Gobernación vive en un departamento de 12 metros cuadrados? ¿Que la mayoría de las propiedades de Enrique Peña Nieto fueron donadas por misteriosos, anónimos y extremadamente caritativos donantes? ¿Que todos los que conforman al gabinete presidencial son ciudadanos que se debaten entre la clase media y la pobreza?

¿Qué de verdad creen que estamos tan, pero tan, pendejos?

La declaración de bienes que presentaron los integrantes del gobierno que encabeza EPN constituyó un insulto a la inteligencia, una burla a la ciudadanía.

Tuiteros pendejos. Que se creen muy chingones.

Esta semana, el Presidente de la República cometió un par de pifias comprensibles mas imperdonables. Falló en el nombre del IFAI y en una fecha en relación con Benito Juárez. Indudablemente, los errores no radicaron en la falta de conocimiento del mandatario, sino en su nula capacidad para improvisar. Y es que quienes verdaderamente se equivocaron fueron los miembros de su equipo, y muy en especial los incompetentes que redactan los discursos. Pues pecaría de ingenuo si asegurara que el mexiquense escribe sus propios mensajes.

Ávidos por retomar el grito de guerra de «¡Peña Nieto es un pendejo!» para mantener la constante embestida en su contra, evitando de esta forma la reconciliación nacional, tuiteros fanáticos y extremistas de izquierda no tardaron ni un segundo en pintar al titular del Ejecutivo Federal como un asno, un subnormal.

Curioso resulta que estos usuarios del Twitter no bajen de pendejo al Presidente, como si ellos fueran personas brillantes y geniales. Y cabe resaltar que entre estos rudos y «críticos» de la mencionada red social se distinguen sobre todo los anónimos, los que no dan la cara. Los cobardes, pues.

Más aún, me parece simpática la realidad: ningún pendejo llega a Presidente. Pero muchos pendejos sí se quedan como simples y ramplones tuiteros. Y de ahí no pasan.

Esa es la verdad. A crear conciencia.