España respira mal y tose mucho. ¡Urge un médico!

Madrid.- La descomposición política, económica y el deterioro social de este país alcanzan el nivel más alto de su historia. Salen a relucir contubernios, conjuras tan enormes e impensables que el tejido estructural de la nación tendrá que ser arrojado a la basura si se quiere aún salvar el infame crédito que nos queda dentro y fuera.

Se destapan cloacas

No hay que esperar un momento más. Alargar esta sinrazón colectiva que nos invade es tan grande que se corre el riesgo de que el territorio se divida y que de otras latitudes vengan a hurgar aquí y a ordenar porque gozarían de impunidad.

El gobierno ha perdido el 90% de su credibilidad. Se inventan leyes insoportables, se filtran infundios por todos lados, la corrupción fiscal aumenta y la desidia oficial permite que haya empresas, nacionales y extranjeras, que funcionan al margen de la ley.

Aparecen políticos multimillonarios que fueron o son socios de defraudadores; se destapan cloacas atiborradas de ladrones de cuello blanco que tienen sucio el resto del cuerpo. No hay límites para enriquecerse y burlar a la justicia. Gente “de bien” imputada y prevaricadora camina por la calle como si nada. Otros prologan sus procesos penales con tácticas inverosímiles que les permiten seguir obteniendo beneficios mediante prácticas ilegales.

Los miles de folios que contienen denuncias contra entes públicos permanecen empolvados en los gabinetes de los jueces. Se saca del estercolero papeles inservibles y falsos para sembrar confusión y cumplir compromisos sucios.

A diario se descubren malos manejos de autoridades y de personajes del sector privado. Todo el entramado huele mal y es sólo el grito de la calle el que alerta en vano sobre los desmanes.

La geografía española está contaminada.

Patadas de ahogado

En medio de este desbarajuste imparable, aumenta la incertidumbre y se siembra la congoja y el desánimo.Un expresidente de los empresarios del país, Fernando Díaz Ferrán, entra en la cárcel por defraudar durante mucho años a un sin número de entidades políticas y financieras. Es la excepción que confirma la regla.

El gobierno con un año del poder da patadas de ahogado o de cinismo y se pudre más. No tiene hoja de ruta ni capacidad para detener los desaguisados.

Las cifras millonarias de los depredadores brincan a los periódicos y sorprenden a los ciudadanos pero son tan grandes y abultadas que transcienden el ámbito nacional.

La economía subterránea da de comer a un gran número de desempleados y contagia a la población que trabaja decentemente para vivir.

Los desempleados son ya casi 6 millones.

Las elecciones catalanes dieron lugar a enfrentamientos absurdos y salieron a relucir informes podridos sin ningún valor judicial. Los separatistas están de plácemes por los equívocos y la mala fe de algunos funcionarios que los dieron a conocer.

Hay ministros que ayudan al amarillismo periodístico. Otros, obnubilados, azuzan el descontrol con declaraciones ininteligibles: “Tenemos que españolizar a los catalanes”; hay que imponer el castellano —no el español— en Cataluña para que “aprendan”.

Utilizan argumentos de épocas de la dictadura, las ponen sobre sus escritorios y las dan a conocer antes de presentarlas en el Congreso para que nos riamos del barullo que arman.

Hay individuos, y son muchos, que esquilmaron hasta 100 millones de euros y están en libertad.

Si teóricamente se aprehende a los delincuentes y se les encarcela, es sólo por imagen porque tienen para poner fianzas exorbitantes y no  pisan los reclusorios.

La policía da palos por todas partes.

Salen a relucir borradores, que deberían estar en las alcantarillas, contra Artur Mas y Jordi Pujol (otro triunfo más de los separatistas) por falta de ética y de voluntad política de los que deben poner orden y razón en el país.

En el Ministerio del Interior se utilizan métodos como el de filtrar panfletos, sin pudor ni reparo. Los patos le tiran a las escopetas ante la bondadosa mirada inexpresiva y ausente del presidente del gobierno.

Este es una figura mítica y se le ve poco. Hay momentos en que parece que no existiera, que haya desaparecido. ¿Estará negociando con Angela Merkel la mejor manera de sacar a España adelante? Quizás, pero siempre y cuando la canciller imponga su criterio. Mariano Rajoy no tendrá más remedio que aceptarlo por falta de coraje institucional y escasa o nula defensa dialéctica.

Dice no al rescate porque ella se lo exigió, no porque él lo haya decidido.

En Justicia, Alberto Ruiz Gallardón se decide a inventar nuevas leyes que limitan la libre expresión de la gente. Alterar el orden público, nunca, dice muy ufano el expolítico moderado.

Insultos de la prensa extranjera

En los corrillos de los cafés, en diarios y poco en TV, periodistas y escritores hablan de la necesidad de hacer cambios en la Constitución.

Razones hay para ello. Es una Carta que ya cumplió con su deber para abrir las puertas a la democracia aunque pocos sepan qué significa esta palabra.

Los titulares de otras secretarías de Estado se oponen verbalmente. Lo hacen por miedo a que “nos decapiten”, pero dejan pasar iniciativas tan descabelladas.

Llega el dinero para los bancos “nacionalizados” y otros. Todos piden más y más. Se arma el lío; cada quien por su lado solicita cantidades desorbitadas para luego rebajarlas y conseguir su propósito. Hay una falta absoluta de respeto y consideración y la seriedad brilla por su ausencia.

Los medios de información extranjeros siguen con su ofensiva y pese a ello nuestros ministros acuden a sus instalaciones para defenderse y quedar bien.

Cabecean sus primeras planas con insultos a la nación y a nuestros gobernantes: “Rajoy es un político de provincias, pero no apto para hacer frente a una crisis compleja e internacional”, afirma Financial Times. Y por ese estilo se regodean los demás periódicos europeos.

Don Mariano está despistado. Es evidente que muchos anuncios de sus colaboradores no han sido consultados con él. Se entera de ellos por los medios de comunicación. Del borrador contra los inefables dirigentes catalanes nada sabía hasta que fueron publicados. Se le vio sorprendido y desorientado. Quizás encabronado.

El ministro José Ignacio Wert es el representante del “socialismo neoliberal” o sea nacional, o nacionalista. Y es peligroso porque en la medida que puede, y puede mucho, saca a relucir medidas inusitadas e irracionales.

En el gobierno pocos son los que se salvan. Lo más que hacen es quedarse callados y apechugar.

El país respira mal y tose mucho. Nadie se da cuenta de que los españoles necesitamos un médico que cure nuestras enfermedades convertidas en epidemia y trasmitidas por los miembros del Poder Ejecutivo que desempeñan su labor sin consultar a la cúspide o con argumentos engañosos.

Por lo visto, en las reuniones semanales de gabinete no se llega a acuerdos y cada quien se va por la libre, una inconsciencia que agota paciencias e insufla rebeliones que ya son funestas para todos.

(Manuel Cabrera)