Las vacantes del Señor

Por  Juan Manuel Magaña – Mensaje Político.com | Son apasionantes los momentos y matices que envuelven una renuncia al poder, así haya sido ésta por voluntad o a fuerzas. Y trátese de Benedicto XVI o de Elba Esther, ambos casos están llenos de un curioso paralelismo.

«Hubo momentos de alegría y luz, pero también algunos que no fueron fáciles», declaró el papa y es algo que bien podría decir hoy la maestra.

«Hubo momentos en que los mares estuvieron embravecidos y el viento sopló en contra, cuando pareció que el Señor estaba durmiendo», manifestó en sus últimos días el papa, y la frase como nada embona a la maestra, a su modo, porque cuando el Señor despertó fue peor.

«Y siempre he sabido que la barca de la Iglesia no es mía, no es nuestra, sino suya (del Señor) y no la dejará hundirse», fue otra frase que el papa se dijo a sí mismo, y que en el caso de la maestra se ha dado por la vía de los hechos aplicada al famoso SNTE.

Ambos, el papa y la maestra, antes o después, al principio o al final de su tiempo, han dicho que la entidad a su cargo «está viva, aunque muchos hablen de su declive».

Ambos han experimentado el cierre de filas en su favor o en su contra. El papa, con esa multitudinaria feligresía que lo despide. La maestra, con esos gobernadores que le impedirán volver.

«Muere el rey, viva el rey», es la lógica implícita e implacable de este momento de ambos. Otro pastor de la cristiandad será nombrado y un tal Juan Díaz de la Torre es ya el nuevo entre los maestros.

A mayor o menor escala ambos han sido sujetos de atención global. Millones y millones atentos al televisor y a la internet o montados en el tsunami del nuevo trending topic.

Y sin embargo ambos están condenados a desaparecer de la vida pública. Uno, por una buena dosis de voluntad, volverá a ser un peregrino. La otra, qué remedio, ya fue apartada bruscamente del camino.

En los momentos más complicados, ambos fueron asediados por los escándalos (por abusos sexuales, entre otros), la filtración de documentos y las disputas entre sus más cercanos. Sus amigos siempre estuvieron cerca, pero sus enemigos más.

Así como el papa, la maestra dirá siempre que amar a su entidad significó tener el coraje de tomar decisiones difíciles y angustiosas, siempre teniendo en mente el bien más allá y no el de uno mismo. Bueno, eso siempre lo dirán.

Quizá en esta hora, la maestra haga como el papa: «Tenemos que rezar, hay muchos problemas en la Iglesia, pero tenemos que confiar en el Señor». Quizá no. Y rezar por que los que vienen detrás elijan bien a quienes tendrán que llenar sus vacantes; claro, con la ayuda del Señor.